Nosotras
Por O. Edith RamÃrez Sánchez
Hace tiempo me dan vueltas en la cabeza una serie de preguntas con respecto a la inercia creativa y la insensibilidad de las grandes mayorÃas; particularmente, y con más fuerza esta vez, las referidas a la participación femenina en el ámbito de la creación literaria e intelectual en sectores populares.
El escribir y ensayar la realidad es un acto de libertad, creación, manifestación y acción entre un sin fin de propiedades. ¿Qué pasa entonces con las mujeres? ¿cuáles son las preferencias femeninas? ¿por qué la pura danza, lo artesanal o el teatro y no la revisión intelectual o escrita? ¿se está realmente en desventaja con respecto al género masculino?
Al llevar esas preguntas a un ejemplo más concreto y cercano, quisiera poner en lupa lo que sucede en instancias culturales a nivel local, que no son demasiadas, pero que cuando se originan no son aprovechadas (talleres literarios, talleres audiovisuales, tertulias o mesas de discusión polÃtica…); por el contrario, cuando se trata de aeróbica, teatros, centros de madres o las distintas ramas de la danza, las preferencias son notables. Estos favoritismos, desde una perspectiva bien particular, están antecedidos e influenciados desde años por la gran invasión televisiva de kilos y más kilos de liviandad; por los falsos mundos, por los patrones de belleza donde la mujer no incide crÃticamente y sólo actúa de acompañamiento. Medios masivos, televisión o revistas, que llegan directamente a las mentes de niñas, adolescentes y a señoras que inmóviles observan y observan un mundo frÃvolo como esponjas mutantes; sin rostros, se conforman y gozan la vida sin hacer danzar las neuronas. Ahora bien, debo señalar que no todas entran en el mismo saco y que estoy generalizando precisamente para provocar una reacción en este tipo de féminas.
Hoy las mujeres estamos insertadas en gran parte de las actividades, zanjando a diario la tardÃa y grupienta integración. La participación femenina ha aumentado, lo debemos reconocer, sin embargo, aún quedan resabios falocéntricos. Si bien nuestra convivencia no está totalmente sanada de este mal, pienso que es oportuno afirmar que existe la posibilidad cierta, ahora y a futuro, de ser más que madres o dueñas de casa. No creo en lo que dicen algunos machos acerca de la supuesta inferioridad de la mujer, lo descarto rotundamente; es más, es una bobada garrafal y simple excusa insustentable de superioridad.
Por último quisiera expresar y reiterar que gran parte de las mujeres, y sin el afán de hacer una diferenciación opuesta de género, no están creando mundo, dando soluciones o defendiendo los derechos ciudadanos de nuestro entorno comunal. CrÃticamente creo que hay un número significativo que está optando por lo fácil y cómodo, atraÃdas sólo por la realidad banal y fútil de la existencia (matinales, teleseries, Metano…). Hago un llamado a apostar por la creación y por levantar nuestro propio espacio; de igual manera, por la apropiación literata y por la oferta de modelos de fantasÃa y sueños, ya que la realidad existente es mezquina y se necesita más sensibilidad femenina en la construcción diaria. ¡A despertar se ha dicho!
Por el momento algunas lÃneas de Eduardo Galeano
Los nadies
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico dÃa llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanÃa.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa
local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.